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domingo, 9 de marzo de 2008

La Inversión de las leyes de la Polaridad

















Analizando profundamente los principios de la Magia, hemos logrado descubrir que el alma espiritual tiene un principio numérico o matemático en virtud de la energía de los Rayos, y los cuerpos materiales un principio netamente geométrico de acuerdo con las influencias astrológicas del Zodíaco. En la manifestación del alma a través de cualquier tipo de forma, el aspecto matemático y el geométrico se complementan perfectamente.

La Magia, como principio de creación y como un medio de establecer contacto con la Divinidad, ha sido practicada desde tiempos inmemoriales. Los hombres sabios de todos los tiempos fueron magos o videntes, capaces de invocar conscientemente las fuerzas ocultas de la Naturaleza y de aprovecharse de sus dones. La Magia es tan vieja como el hombre, pues con el hombre y con el descubrimiento de su poder espiritual surge la Magia, la posibilidad de comunicarse con Dios a través de las fuerzas invisibles de la Naturaleza.

APOLONIO DE TYANA fue uno de los más grandes Magos de la humanidad. Según la tradición oculta de los Misterios, fue iniciado en la India, siendo su Maestro, Introductor e Hierofante, el Rey HIARCHAS, Quien está sorprendentemente relacionado –si no es la misma Entidad– con el Santo patriarca HIRAN ABIF, tan conocido en los misterios ocultos de la Masonería, de Quien se dice ocultamente que recibió del propio Rey SALOMÓN el Cedro del Líbano (símbolo del conocimiento superior) y el Oro de Ofir (que es el símbolo de la Intuición). Son datos que habrá que tenerse en cuenta en el supremo estudio de la Magia organizada, utilizada como poder bienhechor para contrarrestar las nefastas actividades de los Magos negros planetarios –que siempre los ha habido– y de las personas egoístas, incultas e irreflexivas.

MOISES fue también un sorprendente Mago que había adquirido sus conocimientos a través de BATRIA, la esposa del Faraón y madre de la princesa egipcia TERMUTIS, la cual, según el Antiguo Testamento, le habría salvado de las aguas del Nilo convirtiéndose en el vehículo kármico que le permitió recibir aquellas necesarias iniciaciones que le convirtieron en un perfecto Mago. Hay que deducir de ello que todo verdadero Mago ha de haber sido previamente iniciado en alguna de las Escuelas de Misterios de la Gran Fraternidad Blanca, siendo tales Misterios los que confieren realmente el poder mágico.

Para los iniciados en esta Ciencia el propio cuerpo humano es considerado como un exponente perfecto de la Magia divina, pues cada uno de los órganos que lo componen son reflejos de mundos y de constelaciones siderales. De ahí el porqué nuestros venerables antepasados adquirieron las primeras nociones de medicina, astronomía y astrología, aprendiendo a leer primero el mensaje de los órganos del cuerpo, sabiendo intuitivamente que éstos eran proyecciones o reflejos de las imponentes masas de los cuerpos estelares del firmamento en perpetuo movimiento de expansión cíclica.

Afortunadamente, las auténticas verdades acerca de la Magia y las reglas exactas que han de regir su expresión en el mundo fenoménico a través de los seres humanos, se han perdido o fueron quizás transitoriamente salvaguardadas en los recintos lniciáticos por las inquebrantables leyes herméticas del silencio. De la misma manera se perdieron o fueron salvaguardadas desde hace siglos, las verdaderas medidas áureas o solares, aquellas reglas matemáticas de las divinas proporciones que obtuvieron los artistas de la antigüedad de mano de los grandes Devas, Señores de los cánones secretos que rigen la expresión de los soberbios arquetipos causales en la vida de la naturaleza. Sólo fueron parcialmente revelados a alguno de los grandes artistas, pintores y escultores en la era inigualable del Renacimiento...

Con respecto a las sagradas medidas áureas, de la más elevada proporcionalidad, sólo hay que decir que los insignes geómetras a cuyas órdenes fueron construidas las gigantescas pirámides de Egipto, utilizaron creadoramente los sagrados poderes de la Magia. Hay que hacer mención al respecto a lo que nos revela la tradición esotérica a través de “El Libro de los Iniciados”: “...En aquellos memorables tiempos las estatuas de piedra o de mármol eran modeladas por los espíritus del aire, de acuerdo con las sabias medidas matemáticas y proporciones arquitectónicas que proyectaban los arquetipos superiores de la evolución planetaria”.

Dice la noble tradición esotérica que las enormes piedras con las que se construyeron las grandes masas cúbicas de las pirámides, eran transportadas “por el aire y emplazadas perfectamente en sus bases de asentamiento”, de acuerdo con un procedimiento mágico conocido sólo por los sacerdotes y los geómetras, mediante el cual eran extraídas del aire (o del éter que compone el Espacio) las energías necesarias para poder llevar a cabo aquellas obras prodigiosas, que son unas verdaderas maravillas del mundo. Tales conocimientos iniciáticos que permitían invertir las leyes de la polaridad, son prácticamente desconocidos en la era actual, y pese a los grandes adelantos científicos y asombrosos medios técnicos alcanzados, sería imposible mover alguna de aquellas enormes piedras sin recurrir a la utilización de gigantescas y sofisticadas máquinas y a un considerable número de obreros. A la Ciencia actual le falta la cualidad esencial de la Magia que poseían los antiguos Iniciados, la de la inversión de las leyes de la polaridad, que exige un extraordinario conocimiento del éter y un inteligente control de las entidades dévicas moradoras del Espacio, sin cuyo concurso es imposible realizar obra mágica alguna.

El proceso de inversión de las leyes que rigen la polaridad y las fuerzas de la gravitación, apreciado desde el ángulo oculto aparece como consecuencia de haber sido aplicada una simple regla matemática basada en las leyes que rigen la electricidad común, aunque elevada a zonas de indescriptible actividad mágica. Bastaría –teóricamente hablando– crear un “vacío”, o un espacio neutro dentro de la piedra entre las dos fuerzas que constituyen su polaridad, la de la propia masa gravitatoria y la de su irresistible tendencia a expansionarse hacia el exterior, para lograr que esta piedra por enorme que fuese perdiese totalmente su peso sin perder por ello la forma geométrica que adopta en el Espacio. Este fenómeno de agravitación producida por el Mago mediante el control obtenido sobre las fuerzas dévicas que operan en el interior de la piedra, es idéntico al que sufre cualquier cuerpo –sea cual sea su peso– cuando sale del campo gravitatorio de la Tierra.

El peso es CERO, sin embargo la forma geométrica del cuerpo no ha sufrido variación. Tal como podemos observar científicamente, cuando un cuerpo abandona las zonas gravitatorias del planeta y penetra en zonas neutras en donde no existe gravitación, se pierde el peso pero no el volumen... Esto nos viene a indicar dentro de la más pura lógica científica, que el poder de expansión hacia afuera o fuerza centrífuga del cuerpo es aparentemente superior a la fuerza centrípeta de la gravitación terrestre, produciéndose por tal motivo el fenómeno de la levitación, o pérdida de fuerza gravitatoria en el Espacio. Este fenómeno fue frecuentemente observado en los grandes místicos del pasado y puede observarse también actualmente en los yoguis y fakires de los pueblos orientales. Denota en todos los casos una abstracción completa de la conciencia en los mundos internos, la fuerza hacia el Espacio, y una liberación transitoria del principio de la gravitación terrestre que constituye la fuerza material que domina y controla el karma humano... Igual fenómeno de levitación o de “agravitación” puede observarse en aquellas formas o cuerpos llamados sutiles, pues la ley de la expansión cíclica y la de la gravitación operan en todos los planos y niveles en la vida de la Naturaleza. Podemos considerar así desde el ángulo oculto que para el hombre sabio o para el Mago, no hay necesidad de abandonar el planeta para producir el fenómeno de la levitación o pérdida total del peso de los cuerpos materiales, siempre y cuando se posean las virtudes espirituales necesarias y los necesarios conocimientos mágicos que permitan crear zonas neutras o vacías en el interior de los cuerpos.

Por lo tanto, el Mago no hace sino adecuar su voluntad a las sabias leyes de la Naturaleza. Así, de acuerdo con las ideas que vamos emitiendo, las ingentes moles pétreas con las que fueron construidas las pirámides de Egipto “eran fácilmente transportadas por el aire a sus lugares de emplazamiento”. Una vez situada la piedra en el lugar previamente señalado, se limitaba el Mago o grupo de Magos a retirar su atención de la zona neutra producida dentro de la misma y automáticamente recobraba ésta su natural gravitación, su polaridad o su peso.

Aclarando más todavía el significado del vacío o espacio neutro dentro de la piedra, habrá que tener en cuenta la ley del equilibrio que domina perfectamente el alto Iniciado, instruido sabiamente en las leyes de la polaridad eléctrica, pues lógicamente el vacío producido será siempre el resultado de haberse producido dentro de la piedra un perfecto equilibrio entre la electricidad positiva que crea la gravitación, la fuerza que predomina en la piedra, y la electricidad negativa actuando como irresistible tendencia a la expansión hacia el éter circundante. Es en virtud de tal equilibrio que se produce el vacío o un espacio totalmente neutro dentro de cualquier cuerpo, en virtud del cual y observando el proceso clarividentemente, se observa la actividad fusionada de los devas que constituyen ambas fuerzas o tipos de electricidad con la consecuente liberación de una tercera fuerza, la fuerza neutra del Espacio, que es el principio y el fin de todas las cosas y no tiene todavía registrado un nombre científico, pero que los ocultistas de todos los tiempos definen bajo el término mágico de ALKAHEST, la esencia vital de la Creación.

V.B.A.
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