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domingo, 29 de abril de 2012

MANDALAS







Aunque todavía no sepamos por qué, existen figuras, colores y un orden natural/científico que nos rodea y que es algo así como una formulación matemático-fractal en las obras de belleza de la naturaleza: una flor, el diseño de una mariposa, la forma de una hoja, etc..., los sabios decían que contemplando ese mundo natural podían alcanzarse elevados equilibrios en la mente, y como consecuencia, la perfecta salud externa e interna.
Los sabios hindúes, los lamas tibetanos y los budistas contemplativos, comenzaron a elaborar figuras, dibujos, aparentemente inconexos, sin embargo muchos creen que los grandes arquitectos y artistas del pasado, los constructores de catedrales, pirámides y centros de peregrinación y oración, estaban perfectamente alineamagnéticos de la Tierra y con los astros, consiguiendo por tanto un equilibrio entre la Tierra y el Cielo..., es decir entre el cuerpo y el alma. Por ello muchos de esos templos no eran (no son) sino "acumuladores" o centros de energía que nos recargan sin quererlo y donde nuestros átomos personales se alinean con fuerzas incomprensibles e invisibles, pero eternamente presentes.

La contemplación y la relajada visión de figuras mandálicas hoy se sabe que fueron estudiadas y utilizadas terapéuticamente por iluminados psicólogos para ayudar en la curación de enfermedades y patologías mentales sin necesidad de aditivo químico alguno. Sin desdeñar estas ideas adentrémonos un poco en el mundo pictórico de estas "formas cósmico-divinas" y "atrapemos" algo de esa paz y equilibrio que emiten..., que lo que hacen no es sino equilibrar los hemisferios cerebrales: el derecho e izquierdo... y conseguir paz y armonía.
Disfrutar de este mundo que hoy se nos abre a muchos.
Bendiciones



Mándala es un término de origen sánscrito, que significa diagramas o representaciones simbólicas bastante complejas, utilizadas tanto en el budismo como en el hinduismo.

Los mándalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo. Estructuralmente, el espacio sagrado (el centro del universo y soporte de concentración), es generalmente representado como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. En la práctica, los iantra hindúes son lineales, mientras que los mándalas budistas son bastante figurativos. A partir de los ejes cardinales se suelen sectorizar las partes o regiones internas del círculo-mándala.


Por otra parte, la mayoría de las culturas posee configuraciones mandálicas o mandaloides, frecuentemente con intención espiritual: la mandorla (almendra) del arte cristiano medieval, ciertos laberintos en el pavimento de las iglesias góticas, los rosetones de vitral en las mismas iglesias; los diagramas de los indios pueblo, etcétera.



Es muy probable que esta universalidad de las figuras mandálicas se deba al hecho de que las formas concéntricas sugieren una idea de perfección (de equidistancia con respecto a un centro) y de que el perímetro del círculo evoque el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza (tal como en la tradición helenística lo proponía, por ejemplo, el uróboros).

A su vez, en los rituales mágicos es frecuente la separación de un espacio sacro respecto de uno profano; para esto, en la tradición del ocultismo occidental, se ha recurrido y recurre a los círculos mágicos; el espacio sacro —o al menos el del ritual— es el inscripto en tales círculos que, de este modo, cumplen funciones análogas a los mándalas orientales.


Esta universalidad de los mándalas hizo que el psiquiatra Carl Gustav Jung los privilegiara como expresiones probables de lo inconsciente colectivo. Para Jung, el centro del mándala figura al sí-mismo (Selbst), que el sujeto intenta lograr perfeccionar en el proceso de individuación.
JV